Articulo de Leonel Fernandez "Un esfuerzo para salvar el planeta" - Proyecto Político "Leonel "El León" pal 2020"

lunes, 7 de diciembre de 2015

Articulo de Leonel Fernandez "Un esfuerzo para salvar el planeta"


Politica



Leonel Fernandez
Leonel Fernández.- A pesar de los múltiples ataques terroristas recientemente ocurridos en París, capital mundial del arte y la cultura, más de 40,000 personas se han dado cita desde el pasado lunes 30 de noviembre, para uno de los encuentros diplomáticos de mayor trascendencia en la historia.


En palabras del Presidente anfi - trión, François Hollande, lo que ha motivado ese masivo desplazamiento es la urgencia de alcanzar acuerdos que permitan garantizar el futuro del planeta y la propia supervivencia del género humano. En realidad, el objetivo principal de esta h i s t ó r i c a cumbre es el de lograr un consenso entre los 195 Estados signatarios de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, a los fi nes de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

De alcanzarse esa meta, se produciría una desaceleración del calentamiento global que permitiría controlar el aumento de la temperatura por debajo de 2° Celsius o 3.6° Fahrenheit.

Los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, se encuentran presentes en nuestra atmósfera. No dejan escapar el calor y mantienen la temperatura promedio del planeta en unos 15° Celsius. Sin su presencia, la temperatura de la superfi cie terrestre podría descender hasta -18° centígrados.

Sin embargo, a partir de la Revolución Industrial en el siglo XVIII, debido al uso intensivo de combustibles fósiles, como carbón, petróleo y gas natural, utilizados por los seres humanos en su proceso de producción, lo que ha habido es un incremento de gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera, provocando, de esa manera, un incremento sistemático de la temperatura en el globo terráqueo.

Ese aumento continuo de la temperatura en el planeta es lo que se conoce como calentamiento global, que produce, a su vez, el cambio climático, principal amenaza para todas las formas de vida en la Tierra.

LA CONVENCIÓN MARCO

Lo que procura la celebración de la Cumbre de París, identifi cada como COP21, o vigésimo primera Conferencia anual de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 1992, es que se pueda alcanzar un acuerdo universal, de carácter vinculante, entre todas las naciones del mundo, para limitar el aumento de la temperatura en el planeta.

De ocurrir así, sería la primera vez en casi 20 años de negociaciones de Naciones Unidas que se obtendría un acuerdo de esa naturaleza.

La Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático fue adoptada en Nueva York en el 1992, y entró en vigencia dos años después, en el 1994.

A su vez, la Conferencia de las Partes, que es lo que actualmente se reúne en París, es el órgano supremo de la Convención Marco. Es una asociación de todos los países que son partes en la Convención. Es su máxima autoridad, con capacidad de decisión.

En tal virtud, promueve los esfuerzos internacionales para resolver los problemas del cambio climático; evalúa la aplicación de la convención y los compromisos de las partes; da seguimiento a los nuevos descubrimientos científi cos; examina los inventarios de emisiones presentados; y pasa revista a la experiencia obtenida en la aplicación de las políticas relativas al cambio climático.

En adición, la Convención Marco procura lograr la estabilización en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, así como la adaptación a las nuevas condiciones climáticas, para aquellos casos en los cuales los aspectos del cambio climático resultan irreversibles.

Tres años después de la entrada en vigor de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en 1997, se adicionó al tratado el Protocolo de Kioto, el cual incorporaba medidas más severas para el control de las emisiones de gases de invernadero.

En el año 2006, se enmendó en Nairobi, la capital de Kenia, el Protocolo de Kioto. Se había previsto adoptar un nuevo protocolo en Copenhague, en el 2009.

Sin embargo, eso no fue posible. Las principales potencias del mundo, especialmente Estados Unidos y China, no pudieron ponerse de acuerdo acerca de los alcances de ese nuevo protocolo y sus formas de fi nanciación.

Un gran pesimismo se extendió por distintas partes del mundo. Se consideró que no había la voluntad política sufi ciente para obtener el compromiso de todas las naciones para enfrentar los efectos perniciosos del cambio climático.

Ese estado de pesimismo se hizo mayor cuando en la Conferencia de Cancún, México, en el 2010, tampoco se pudo avanzar en la suscripción de un acuerdo vinculante entre los Estados miembros de la Convención Marco para hacer frente a la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad.

Por supuesto, los esfuerzos y las iniciativas por crear una conciencia y aplicar políticas para la protección del medio ambiente, venían desde antes de la aprobación de la Convención Marco de Naciones Unidas en el 1992.

Veinte años atrás, en el 1972, en la ciudad de Estocolmo, se celebró la primera conferencia bajo los auspicios de Naciones Unidas, en la que los Estados declararon la necesidad de cuidar y proteger el medio ambiente. En aquel momento se le llamó la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano.

Este tipo de eventos de alto nivel se repitieron en 1982, cuando se adoptó la Convención del Derecho del Mar; en 1992, en la famosa Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro; en 2002, con la Cumbre de la Tierra en Johannesburgo; y la más reciente Cumbre de Río+20 del año 2012.

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PARÍS: LA ESPERANZA DEL PLANETA

Luego de más de 40 años de proyectos e iniciativas para frenar el calentamiento global, la COP21, que en estos momentos se lleva a cabo en París, constituye un hálito de esperanza para salvar el planeta de la calamidad que significaría un aumento de la temperatura por encima de 2º Celsius.

Para lograr esa meta, se va a requerir una drástica disminución del uso de combustibles fósiles para las distintas actividades humanas, como, por ejemplo, la generación de electricidad, el transporte, la industria, el consumo de los hogares y la producción agrícola.

Pero esa disminución en el uso de combustibles fósiles significará un mayor uso de las denominadas energías renovables, como son, la energía eólica, la solar y la hidroeléctrica. Además, la incorporación de las nuevas formas de generación de energía emanadas del desarrollo científico y tecnológico. Eso, por supuesto, plantearía un cambio de paradigma en lo referente al sistema productivo y al desarrollo sostenible, el cual, hasta ahora, por razones de intereses económicos, ha encontrado gran resistencia.

Las claras evidencias del impacto del cambio climático ha ido generando, sin embargo, mayor conciencia, y, por consiguiente, mayor responsabilidad en las distintas naciones del mundo, de lo que significaría un agravamiento de la actual situación. Para la cumbre de París, Estados Unidos y China, los dos principales emisores de dióxido de carbono en el mundo, se han comprometido a aplicar medidas que reduzcan de manera significativa dichas emisiones.

En el caso norteamericano, para el 2025, el presidente Barack Obama ha comprometido a su país en una reducción de gases invernadero entre un 26 y un 28 por ciento, con respecto a los niveles del 2005. China, por su parte, ha prometido una disminución de las emisiones de gases por unidad con respecto del producto interno bruto de 60 a 65 por ciento, con respecto a los niveles del 2005. De igual manera, aumentará su cuota de uso de energía alternativa a cerca de un 20% para el año 2030.


Otros países desarrollados, como Japón y los integrantes de la Unión Europea, también han prometido reducciones.

En conjunto, los compromisos establecidos en la Cumbre de París, son los mayores jamás alcanzados en la historia de la lucha por la preservación del medio ambiente. Aun así, sin embargo, serán insuficientes.

Sin el cumplimiento de esos compromisos, al ritmo actual, la temperatura del planeta podría aumentar por encima de 6º Celsius para el año 2100.

De ocurrir eso, habría una catástrofe en el planeta. La vida, tal como la conocemos, dejaría de existir. Tendríamos sequías prolongadas, falta de agua potable, desertificación de los suelos, turbulencias meteorológicas, escasez de producción alimenticia y desaparición de especies animales y vegetales.

Los compromisos consignados en la Cumbre de París podrán disminuir el potencial incremento de la temperatura en 2.6º Celsius.

Eso hace albergar la esperanza de que en base al cumplimiento de los compromisos establecidos, de futuras negociaciones, de su inteligencia y capacidad científica, la humanidad aun se encuentra a tiempo de poder salvar el hogar común de todos: el planeta Tierra.

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